23 feb
Cuando el gobierno prefiere el oficio mudo
En Santa Cruz, su provincia adoptiva, la señora de Kirchner no se limita estos días a pasear a Vito, el pug gris de su hija. Además de seguir recuperando fuerzas tras la tiroidectomía que le practicaron, la Presidente analiza las dificultades que atraviesa su gobierno.
Las cosas que hacían los malos
Veamos una que representa otro revés durísimo para ese capítulo destacado del relato oficial que es el tema derechos humanos:
la revelación de que un equipo de la Gendarmería venía reuniendo información de inteligencia sobre militantes opositores, sindicalistas y miembros de organizaciones sociales, obtenida clandestinamente, por infiltración y sin instrucciones específicas de ningún juez (“una base de datos que se utiliza como herramienta de análisis y orientativa en causas judiciales, como en apoyo informativo a Unidades Operativas”, la describió el propio titular de la Fuerza, comandante general Héctor Bernabé Schenone).
El nuevo percance tiene un efecto tan deletéreo para la narrativa oficialista como el escándalo que se destapó el año último en la Fundación Madres de Plaza de Mayo (un affaire con trámite judicial moroso, por cierto). Si en aquel caso las acusaciones se centraban en la temática de la corrupción (desvío de fondos aportados por el Estado, métodos vidriosos para su asignación y devolución de favores a los asignadores), la denuncia actual pone de manifiesto que se emplean hoy ciertos recursos de inteligencia y espionaje que fueron estigmatizados como propios de la dictadura del Proceso y sancionados por leyes de la democracia. ¿Acaso esos procedimientos son perversos cuando los ejercitan “los hombres malos” pero cambian de signo cuando los ordenan “los chicos buenos”?
Las advertencias de Moyano
La cuestión tiene costados morales, políticos y judiciales. La ley 25.520 de Inteligencia Nacional prohíbe a los organismos especiales del Estado (particularmente a los de índole militar) “obtener información” de datos de personas por el solo hecho de “adhesión o pertenencia a organizaciones partidarias, sociales o sindicales”. A primera vista, se ha transgredido la Ley. ¿Por orden de quién?
El martes 14, después de que la Policía Federal reprimió ásperamente una manifestación de ex soldados convocados en 1982 para la guerra de Malvinas, Hugo Moyano se preguntó si el gobierno estaba desplegando un giro. “Represión en Buenos Aires, ¿algo está cambiando en la Argentina?”, era el título del documento que firmó el secretario general de la CGT. Llamaba, sin duda, la atención la fuerza que se desató contra los ex conscriptos (precisamente en momentos en que el gobierno pretende aparecer envuelto en la bandera malvinista).
“Hacemos un llamado a las autoridades responsables para que despejen las dudas despertadas por estas acciones, respecto de un cambio en la conducta del Estado en el tratamiento de los reclamos que formulen los trabajadores u otros sectores sociales, en defensa de sus legítimos derechos”, proponía el texto cegetista.
La represión aplicada en Catamarca contra manifestaciones ambientalistas añadió preocupación y –sobre llovido, mojado- el miércoles 15 se conocieron los datos sobre las acciones de inteligencia desplegadas por la Gendarmería. Las dudas manifestadas por Moyano se sumaron a las críticas esgrimidas por sectores de la oposición cuando se aprobó a los panzazos la llamada Ley Antiterrorista. Hasta Eugenio Zaffaroni, el juez de la Corte más próximo al gobierno, había expresado sus temores por aquella ley: “En algún momento puede ser utilizada contra la protesta social o contra los sindicatos”. La realidad parecía justificar las alarmas.
En las condiciones del ajuste económico en marcha, las preocupaciones se explican. En esta columna, a raíz del conflicto entre los gremios aeronáuticos y la conducción de Aerolíneas y en el marco de las crecientes tensiones con la CGT, se señalaba ya en noviembre: “La Presidenta, con los votos todavía frescos pero empeñada en invertir algunas alianzas y establecer nuevos controles (…)convoca a la Fuerza Aérea para controlar vuelos mientras la ministra Garré trae 700 nuevos gendarmes a la Capital. ¿Teme perder la calle a manos de antiguos socios? Su discurso, sus gestos y este contexto anticipan la nueva etapa”.
Dígalo con mímica
Los chisporroteos ocasionados por los gestos represivos contra ambientalistas y soldados malvineros más el episodio con Gendarmería no encajan en el guión oficialista y han dejado a la defensiva al vasto aparato de comunicación del gobierno. La ministra de Seguridad Nilda Garré se atrincheró tras los 140 caracteres de Twitter, el jefe de gabinete se dedicó al automovilismo para todos, los intelectuales y derechohumanistas ligados al gobierno recordaron que el silencio es salud.
Otro tema que no estaba en la agenda del gobierno pero que está en la agenda de la opinión pública es el que vincula al vicepresidente Amado Boudou con las operaciones que pusieron los grandes talleres de Ciccone Calcográfica, capaces de imprimir papel moneda, bonos y documentación personal (y de proveer así al Estado), en propiedad del fondo de inversión Old Fund. El titular de ese fondo, viejo compinche de Boudou de los tiempos en que el hoy vice animaba la noche marplatense como disc jockey, con ingresos declarados ante la AFIP como monotributista de la categoría más baja, levantó la quiebra de Ciccone pagando cifras millonarias y aseguró, según quien sigue siendo su esposa, que era “testaferro” de Boudou.
Sobre esa cuestión también ha prevalecido en el gobierno el oficio mudo, pese a que el titular declarado de Old Fund contó con ayudas notables (por lo menos con la del número uno de AFIP y la del secretario de Comercio, Guillermo Moreno) para quedarse a cargo de la gran imprenta y seguramente contará con otras para imprimir billetes de 1.000 pesos con destino al Banco Central.
El primero en no hablar es el propio Boudou: ni sí, ni no, ni blanco ni negro. El juez que investiga este caso no es Norberto Oyarbide, sino Daniel Rafecas. En Tribunales aseguran que eso marca una diferencia. Se verá.
El gobierno central y las provincias
El deslizamiento de la situación no se observa sólo en los casos más flagrantes, que se mencionaron más arriba. También hay otros que, menos ostensiblemente denotan problemas para el gobierno central.
La fracasada política energética, convertida en principal causa de desequilibrio de la balanza comercial (las importaciones de combustible llegarían en 2012 a cerca de 12.000 millones de dólares), provocó ya fuertes choques entre Guillermo Moreno y Julio De Vido. El secretario de Comercio, subido al corcel blanco que le proporciona el respaldo presidencial, presiona a De Vido. Este, a su vez, descarga responsabilidades sobre las petroleras. Particularmente sobre Repsol-YPF, cuyo socio local –el grupo Petersen de la familia Eskenazi- llegó a manejar la compañía y poseer el 25 por ciento de las acciones con muy poco desembolso y un decisivo aliento de Néstor Kirchner. Hoy Néstor no está, los tiempos han cambiado y hay presión sobre la empresa. Pero resulta que el arma más eficaz de amenaza – la revisión de concesión de áreas que puedan ser consideradas deficientemente explotadas- no está en poder del gobierno central, sino de las provincias petroleras, propietarias del subsuelo, según la Constitución reformada.
Para actuar (lo mismo ocurrió con las provincias mineras), De Vido tuvo que poner en movimiento reuniones de gobernadores, algo que desde Néstor Kirchner el gobierno procuró evitar, por temor a que se desplieguen acciones colectivas. Los gobernadores involucrados, muy contentos por la nueva situación que les abre la puerta a un incremento en su poder relativo. Este deslizamiento se hará notar a mediano plazo.
Las guerras de Moreno
En fin, el otro tema que empieza a imponerse a la agenda del gobierno es el del cierre comercial que ejecuta Guillermo Moreno.
La señora de Kirchner está conforme con las cuentas que el supersecretario le presenta, pero los empresarios, en quienes ella ponía muchas expectativas para esta etapa, marcada por un distanciamiento de la CGT, murmuran en los rincones contra las trabas a las importaciones, que obstaculizan la producción. Y de vez en cuando se dejan escuchar por el periodismo.
Los vecinos y aliados, que tan bien han respondido en la cuestión Malvinas, se quejan por el cierre. Brasil le ha puesto fecha a su paciencia: hasta fin de marzo. En Estados Unidos la Cámara de Comercio se ha quejado y pide sanciones contra Argentina. Inclusive varios sindicatos alertan sobre efectos del cierre que complican el acceso a remedios muy sensibles.
Moreno es uno de los pocos que no juega al oficio mudo: él hace saber que quienes no acepten sus reglas de juego sufrirán consecuencias. “Yo les voy a dirigir la empresa”, advierte. Maltrata públicamente a empresarios y a instituciones empresariales, a banqueros, a ruralistas… y también a colegas del gabinete. ¿Es fortaleza o debilidad? En el gobierno hay muchos ministros y secretarios que en público festejan los exabruptos de Moreno pero en privado hacen saber que están reservando plateas y esperan asistir al choque inevitable del secretario con las consecuencias de su política.
La Presidente recibe ecos apagados de esas tensiones, versiones teñidas por uno u otro cristal: no tantos, porque son pocos los que pueden conversar con ella. De cualquier modo, esos rumores se vuelven inaudibles comparados con los aplausos que la rodean en los actos que protagoniza.
Ella se muestra convencida de que tout va très bien; sin embargo es posible que, durante estos carnavales, en el descanso y la calma de su provincia, se le cruce la sospecha de que las cosas últimamente no están atadas y bien atadas
04 dic
El primer gabinete del tercer gobierno K
En menos de una semana se sabrá con qué personal Cristina Fernández de Kirchner va a iniciar su segundo mandato, el tercero de la familia. ¿Será importante contar con esa información? No tanto. El actual gabinete, que sólo se reúne por excepción, tendrá pocas modificaciones y no demasiado sustanciales. Por el momento la Señora no juzga imprescindible nombrar en los ministerios y secretarías a personas que tengan virtudes especiales, más allá de la disciplina y lo que en los círculos K llaman “lealtad”, término con el que designan una mistura de obediencia, aguante y discreción extrema. (más…)
19 nov
Más modelo y por el bronce
“Cristina va por el Bronce”.
No. “Cristina va por la profundización del Modelo”.
Finalmente, se supo: “Cristina Fernández va por el Bronce profundizando el Modelo”. Claro que obtener el Bronce, el “pasar a la historia” es una decisión reservada a la posteridad que, siempre egoísta ella, juzgará lo actuado años ha, a partir de su propio bienestar, no del que disfrutaron otros con anterioridad. De este modo, el Bronce puede ser entendido como esos cambios estructurales cuya consolidación redundará en un país mejor para las generaciones venideras.
Todo lo cual implica la inauguración de un nuevo estado de cosas. Con un cambio en las reglas de ljuego. Con un cambio de la política tal cual como venía haciéndose. Con un recambio de los actores políticos y sociales mismos.
Frente a esto, hasta el momento, el kirchnerismo se ha destacado por su trabajo “reparador” antes que por su intención “fundacional”. Aunque, en los dos casos, tanto en una política que mira hacia el pasado, para curar sus heridas en el presente, como en la que mira hacia el futuro, para fundar hoy sus bases, ambas implican una política que se desarrolla y se vive como una etapa transicional.
De este modo, cuando el kirchnerismo habla de Modelo, sólo puede hacerlo en términos de un “modelo metodológico”. Una forma de hacer las cosas. Un estilo de Gobierno. Y no, un “modelo de fines”, un “modelo axiológico”, un “modelo normativo”.
Se entiende que el Gobierno no pueda admitir esto, que siempre hay que decir que existe un Proyecto, una estrategia a largo plazo, un rumbo bien definido. Pero, en cambio, lo que ha funcionado bien, fue la flexibilidad, adaptabilidad y desparpajo para adoptar un nuevo rumbo, a partir de lo que ha sido el motor esencial de este Gobierno: su capacidad para gobernar.
Por lo tanto, por profundización del modelo, lo que se debería entender es el aumento de la intensidad en una metodología del poder, en esa revolución permanente de los medios para gobernar, y no de un específico conjunto de variables económicas, que han ido mutando con el transcurrir del tiempo. Del austero “superávit gemelo” al “hiperconsumo subsidiado” se ha sucedido un montón de medidas, bastante diferentes entre sí. Aunque quizás, todas ellas hayan estado eslabonadas por una obsesión: la de desatar un crecimiento de la economía argentina a todo vapor (una intención, un objetivo, un anhelo no es lo mismo que hablar de un Modelo).
Frente a estas elucubraciones, alguien podría, conceptualmente, argumentar “¡Chocolate por la noticia!” o “¡Manzana!” (que, según me dice mi hijo, es la forma actual de expresar ese viejo dicho acerca de una situación en la que uno se sorprende de no ser sorprendido por lo que se dice, como si fuera una gran novedad). Porque, ¿qué Gobierno no quiere que su economía crezca?
Cierto, certissimo. Pero aquí no estamos hablando de cualquier crecimiento, sino de crecimiento a tasas chinas, o sea de crecimiento a destajo como primera prioridad, considerando que todo lo demás en términos económicos y en esa fase transicional, viene por añadidura.
Podemos discutir horas y horas si el indicador del PBI es un buen resumen de lo que acontece en el campo económico y social o si sólo focaliza en un aspecto, lo cual lleva a tener de los procesos económicos una mirada simplista -antes que simplificadora- y sesgada o, peor aún, tergiversada. Pero el hipercrecimiento, medido en términos de porcentaje de incremento del PBI y de su forma de expresarse en estos tiempos, el hiperconsumo, ha sido bendecido por la opinión pública. Y se sabe: vox Populi, vox Dei.
Aprobación que no ha tenido sólo un costado “economicista” sino también uno político: hipercrecimiento inédito ligado a una hipergobernabilidad inédita. O sea que el Modelo es un Gobierno Gobernante. El estilo de poder es el Modelo. Y no tal o cual sistematización intelectual explicativa/normativa de cómo funciona/debería funcionar la economía.
Y CFK, cuando aún no se habían acabado de contar oficialmente todos los muchos votos recibidos, salió a despejar las dudas acerca del Modelo (de Gobierno). Que hubo ingenuidad. Que faltó profesionalismo. Que abundaron las desprolijidades. Todas esas cuestiones son colaterales a algo que el kirchnerismo juzga esencial. Y quizás no se equivoque.
El Gobierno corrió de atrás al dólar, y encima agarró para el lado equivocado, pero lo alcanzó a tiempo para colocarle un chaleco de fuerza al mercado lleno de regulaciones, amenazas y advertencias. Y logró domar al dólar paralelo (al que había acicateado con sus errores, justo es decirlo). Pero todo se resolvió con el “estilo de siempre”, “profundizando el modelo”. Muerto el perro, se acabaron las pulgas. El problema es que necesitamos de un perro y que las pulgas aparecerán de nuevo, tarde o temprano.
De un plumazo, y contra todas las apuestas, en tiempo récord, el Gobierno se sacará de encima una porción sustantiva de los subsidios a los servicios públicos que, asimismo, representan una porción sustantiva del gasto público. Desde el Gobierno mencionaron expresamente que esta decisión tuvo como puntapié inicial el conocimiento de una carta privada que un ciudadano, Raúl Timerman (socio en la agencia Braga Menéndez y animador de un encuentro de personalidades del mundo político conocido como Grupo Piola) envió a AySA solicitando que le eliminaran el subsidio, ya que podía pagar la tarifa del agua. Así como fue una decisión sumaria del Gobierno mantener e incrementar los polémicos subsidios, fue una decisión sumaria eliminarlos.
Es que todas las externalidades negativas que puedan tener las decisiones implementadas, todos los problemas que puede generar la elección de un curso de acción política son admisibles para el kirchnerismo si en ningún momento el resto de los actores políticos y sociales percibe debilidad en el Gobierno (especialmente, las mil y una especies de ese depredador con olfato desarrollado para oler sangre fresca a grandes distancias denominado genéricamente “peronismo”). Incluso se prefiere perder a dar “marcha atrás” de manera pública y ostensible, y el ejemplo más cabal de ello es la derrota en la resolución 125.
Las dudas acerca de la perdurabilidad en el tiempo de esa doble confirmación plebiscitaria que recibió la Presidenta (en las P.A.S.O. y en la primera vuelta de las presidenciales) han fomentado un activismo presidencial cuando todo el mundo esperaba que las novedades comenzaran con la elección del nuevo gabinete, en diciembre próximo, asunción que, por otra parte, va a contener pocas novedades, consistiendo la mayor parte de ellas en enroques previsibles.
Manteniendo “el Modelo” (el modelo de decisión política, para decirlo una vez más, hasta el hartazgo), el Gobierno apuesta a seguir conservando indicadores de opinión pública favorables, aun cuando las circunstancias económicas no sean tan llevaderas como las de los años anteriores.
Pero tiene en el contexto global desquiciado no sólo una fuente de problemas sino un aliado. Sólo tiene que pedirle a la ciudadanía que se tome el trabajo de comparar la situación del país con la que atraviesan naciones otrora orgullosas y pujantes. Comparación que, hoy por hoy, es favorable, y que el Gobierno espera que así siga siéndolo (crucemos los dedos).
Ok, entonces, a lo que significa el Modelo. Pero, así, haciendo gala el Gobierno de un “coyunturismo” eximio, ¿se llega al Bronce?
Los cerebros de la heterodoxia (o de la incipiente Nueva Ortodoxia) dirán que un mundo desmadrado, en una globalización entrópica y fractal, en el medio de una disfuncionalidad sistémica donde lo viejo no termina de nacer y lo nuevo no se sabe muy bien qué es, vale más la adaptabilidad que la estrategia, la improvisación que la planificación, las contradicciones diacrónicas que las sincrónicas (me dicen que esto significa las contradicciones entre algo que se hizo en el pasado con algo que se hace en el futuro; por ejemplo, se supone, sacarle a la Fuerza Aérea el control del espacio aéreo, para devolvérselo más adelante).
Pero, ¿se llega así al Bronce?
Como se dijo ut supra, eso será tarea de los que vienen, no de los presentes.
14 nov
El modo nacional de ver las cosas
“Todo nuestro problema consiste en empezar a ver las cosas desde la perspectiva de nuestra realidad”. “Es frecuente el error de oponer la política realista a la política idealista. El error proviene de confundir al político practicón (sic) con el realista…” (1).
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27 oct
Gracias Néstor
Fue un adelantado a su tiempo. Interpretó como nadie los cambios económicos y sociales a nivel global y que hoy son noticia en el mundo entero. Supo apostar a la economía real por sobre la especulación financiera y preparar así a la Argentina para los nuevos tiempos que se avecinaban. Retribuyó el respaldo popular recuperando la política como la única herramienta que permite a los hombres solucionar pacífica y eficazmente los conflictos de la sociedad.
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22 oct
Años extraordinarios
La recuperación de autonomía política, las particularidades del ADN kirchnerista y las “frágiles fortalezas” para encarar lo que viene. (más…)
23 ago
Mitos que se derrumban
Carlos Fara analiza las causas y consecuencias del arrollador triunfo electoral de Cristina Kirchner y discute alguna sabiduría convencional como la que afirmaba que no se puede ganar sin los aparatos partidarios y la idea de que en el conurbano los intendentes auspiciarían el corte de boletas. (más…)
01 ago
Perón y la dimensión transversal
Al día siguiente a su llegada al país y a los hechos producidos en Ezeiza, Juan Domingo Perón dirigió un discurso a los argentinos en general y a los peronistas en particular.
“Llego casi desencarnado” dijo Perón, como si estuviese en proceso de volverse puro espíritu.
Si la carne es el lugar en donde se manifiesta la pasión o el rencor, a su regreso definitivo lo único que lo animaba era una espiritualidad patriótica. En su discurso convocaba a todos los argentinos a realizar un esfuerzo en conjunto y advertía que la única garantía de libertad y justicia para cumplir con la revolución pacífica era retornar al orden legal y constitucional que le otorgaba a cualquier ciudadano el derecho a vivir en paz. A los peronistas en particular los llamaba a retornar a la conducción del movimiento. ¿Qué quería significar Perón con esta frase? ¿Acaso no eran peronistas quienes ocupaban los cargos ejecutivos del partido y del gobierno? Algunos investigadores consideran que si bien se trataba de un reto activo a la dirigencia política que acompañaba a Cámpora, lo dicho podía leerse como la decisión del líder justicialista de propender a una desmovilización de las formaciones especiales.
Perón afirmó sin medias tintas:
“Nosotros somos justicialistas. Levantamos una bandera tan distante de uno como de otro de los imperialismos dominantes. No creo que haya un argentino que no sepa lo que ello significa. No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina ni a nuestra ideología: somos lo que las veinte verdades peronistas dicen. No es gritando la vida por Perón que se hace patria, sino manteniendo el credo por el cual luchamos”.
De esta manera, Perón establecía los lineamientos políticos a los que retornaría el peronismo. Su palabra y su presencia no otorgaban el mínimo margen de ambigüedad. No había lugar para la especulación: el peronismo eran las veinte verdades y con esta afirmación la bandera de la patria socialista que levantaba la Juventud quedaba desplazada por la doctrina del justicialismo como doctrina política, económica y social. No había ningún otro rótulo para su calificación. La Tercera Posición funcionaba como límite ideológico en el peronismo.
Por último, Juan Domingo Perón advirtió: a quienes “pretextan lo inconfesable”, a quienes “ingenuamente” piensan que pueden copar el movimiento o “tomar el poder que el pueblo ha reconquistado”, a los que tratan de infiltrarse, a los enemigos, “embozados, encubiertos o disimulados”, cesen en sus intentos, porque “cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento”.
La existencia de un enemigo interno acechaba al peronismo bajo distintas figuras. En su discurso, Juan Domingo Perón se refirió a los “infiltrados” y no a los “traidores”. La acusación era habitualmente utilizada para caracterizar a quienes postulaban consignas que resignificaban el peronismo tradicional.
La Juventud Peronista no asumió, ni se reconoció, o simuló no reconocerse en el discurso de Perón, e intentará explicar las conductas de Perón a través de la teoría del cerco: el que habla, el que se ve, no es el verdadero Perón. Perón está siendo engañado, es un Perón falso. Lo que hay que hacer es romper el cerco para que aparezca el Perón auténtico.
El “regreso definitivo”, como puede observarse, no solo refirió a la vuelta de Juan Domingo Perón al país, sino también a la reafirmación ideológico-política del peronismo ante la confrontación interna que lo atravesaba. La reafirmación doctrinaria a través de las veinte verdades permiten presuponer que Juan Domingo Perón evaluaba la situación como de deformación doctrinaria y sobre ello ya se había referido en “Conducción política”, al señalar que la falta de unidad de doctrina traía aparejada la diversificación que termina con disociar a las comunidades que las practican.
Juan Domingo Perón decidió y tomó partido por uno de los alineamientos que atravesaba al movimiento. La situación imposibilitó su función de padre eterno y que continuase bendiciendo urbi et orbi. Juan Domingo Perón ya no iba a cumplir su rol contemporizador ni de laudo justo. La tensión ideológico política que marcó este discurso recorrió estructuralmente al peronismo y lo atravesó de manera transversal, fracturándolo, exigiéndole a Perón la implicación por una de las partes.
El peronismo y la Argentina estaban situados en los umbrales de la tragedia.
*Sociólogo-Ensayista
Asesor Jefatura de Gabinete
Gob. Provincia de Buenos Aires
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